Pepo, una vida de rock (vino Fito). Por Juan Botana

Pepo, una vida de rock (vino Fito). Por Juan Botana

Palo llegó y todo brillo. Encima en primera fila estaban Pepo y a su derecha Cecilia Roth y Fito Páez que habían ido a escucharlo. “Vino Fito”, gritaba Pepo. También estaba Horacio González que andaba ayudando a Fito con las letras de un nuevo disco más político que los anteriores del que tiene dos temas que se llamarán “La casa desaparecida” y “Al lado del camino”.

Pepo desbordaba de alegría y Alejandro y Dany ni les cuento. Invitaba cervezas para todos. Tantas que Jorgito Porcel aprovechando la movida empezó a llamar a vedettes y chicas que tenía en sus contactos del teatro de revista de su padre y de un empresario amigo que manejaba el Tabaris. Y al rato El Living se transformó en el Mollin Rouge. Y hasta subieron por la escalera de la entrada unas chicas trans que hicieron una parada antes de ir a El Dorado, Ave Porco o Morocco. Y también alguna que otra escort del boliche Cocodrilo que estaba a unas pocas cuadras de ahí, en Palermo.

“Viene Diegote y me muero”, pensó para sus adentros Pepo. “Él siempre va a Cocodrillo. Así que no es extraño que venga para acá. Y en una de esas viene con Guillote, Juanjo Veiga y Cris Miró o Yuyito. Esto es demasiado”. Así que después de escuchar la catarata de hits de “Palo” Pandolfo, tales como “Tazas de té chino”, “Ella vendrá”, “Playas oscuras” y “Estaré”. Pudo ver en el escenario de El Living a Fito Páez que desinteresadamente tocó “11 y 6” y “Te vi” para Cecilia y “Ciudad de pobres corazones” a dúo con Palo.

“Estuvo increíble”, le decían todos a Pepo. Lo tuyo es cada vez mejor. Quién iba a decir que lo mejor del rock y de la noche porteña se iban a juntar esa noche en El Living. Ni el mejor empresario de espectáculos podría lograrlo. “Andá Pepo y decile a tu viejo que su amigo Carlitos Rottemberg es menos productor que vos”, le decía Ringo entusiasmado.

“Pepo corazón, Pepo corazón” gritaban enardecidos Dany y el Rey. Mientras Jorgito Porcel le recitaba poemas a las chicas y Alejandro le ofrecía un aumento y le decía que le cambiaría el colchón de la cama donde dormía y le compraría sábanas y colchas nuevas. Porque con la fama que estás consiguiendo seguro va a querer dormir con vos alguna chica. ¿Quién le preguntó?, Pepo. ¿Úrsula Vargues? Que siempre viene y tanto me gusta. O la secretaría de Achira que también viene y esa es más terrenal. ¡Esa mejor! Vos sabés que me contaba que a un tal Lotito que tiene una oficina en el Once le llevás una carta con tus deseos y él las lleva a las pirámides de Egipto y tus deseos se cumplen. Te cobra por eso. Pero si resulta lo voy a hacer. Eso me sugirió Pamela, la secretaria de Achira cuando le dije si quería ser mi novia. ¿Ustedes piensan que me boludeó?

“Igual no pensemos en minas”, muchachos. Lo mío es el rock. Y escribir estas historias espontáneas que tanto le gustan a mi editor Enrique Symns. Hoy en día todo es armado y mi escritura es más descontracturada. Casi que sale de las tripas y de la emoción y la sorpresa que vivo cuando los músicos salen a tocar y la rompen. Como todos esos periodistas que quieren ser músicos de rock. “Que se mueren por tocar”, como dice Ricardo Mollo. Y Ricardo pasó de falopero a careta, pero en eso tiene razón.

Así que me tomo una coquita más, que Alejandro me deja, escribo la crónica, la mando por mail a la “Cerdos y Peces” y pienso que banda o músico podría tocar el viernes que viene. Mientras tanto sueño con traer a Joaquín Sabina, que es amigo de Fito. ¡Ah no se peleó! Mejor Gustavo Cerati que es amigo y compañero de Soda de Charly Alberti. ¡Mejor no! Le cago la novia, aunque pasaron diez años y paso el tiempo, pero ahora es el novio él de Débora del Corral y no Charly. Tal vez Luis Alberto Spinetta. Aunque tengo más chance que me venga Dante con Emmanuel Horvilleur y los Illia Kuryaki. ¡Dicen que va siempre a la cancha de Vélez, pero yo soy de Ferro!

En eso Ringo se le acercó y le dice: “Querés que le pida a Charly García”. –Vos harías eso por mí- le contestó Pepo. “Sí, claro. El tema es si me dice que sí. Pero preguntarle no me cuesta nada. Viene todos los días a grabar al estudio donde yo laburo, un disco con Mercedes Sosa que se llamará “Alta Fidelidad”. Se la pasa entrando y saliendo de la sala con cables y aparatitos para conectar computadoras, pide unos sandwiches de miga y unas cervezas –el whisky se lo trae él- y cada tanto sale corriendo y me moja con una pistola de agua. Así que si te venís y te dejás mojar y le caes bien después te habla. Venite mañana. A eso de las 6 de la tarde llega y lo encaramos los dos.

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