Miró el reloj. Marcaba las nueve, se dio una ducha. Lo esperaba en la mesa café caliente.
Dio vueltas dentro de la casa ( unas cien veces) siempre faltaba algo, siempre sobraba.
Llegó a la conclusión quera mejor que sobren a que falten. Silenció su pelea matinal con él mismo.
Salió y empezó a llover. No encontró su paraguas y se le escapó de su boca la frase: “Susy , siempre tan desordenada ” se dio cuenta que había hablado en voz alta, se pegó en la boca.
Tomó el colectivo repitiendo: ¿Quién era Susy? ¿Quién era?
Bajó del colectivo caminó unos 100 metros , se paró frente a una lápida en el medio del cementerio. Le dejó todos esos poemas que había escrito por tanto tiempo.
Cuando cruzó el portón volvió a repetir: ” Susy siempre es tan desordenada. Si yo no los ordenaba, iban a quedar abandonados en la casa”
