Diputada de la Nación Argentina por provincia de Córdoba por La Libertad Avanza desde 2023.
En los últimos años, el debate sobre el feminicidio como figura penal ha estado lleno de ideología y demagogia. Como abogada y diputada nacional por La Libertad Avanza, estoy convencida de que esta figura, en lugar de proteger a las mujeres, distorsiona los principios fundamentales de igualdad ante la ley que están consagrados en nuestra Constitución Nacional.
El femicidio: una figura penal discriminatoria
El feminicidio fue incorporado al Código Penal en 2012 con el argumento de visibilizar y sancionar de manera específica los crímenes contra mujeres por razones de género. Sin embargo, su existencia crea una jerarquía de víctimas basada únicamente en el sexo, lo cual va en contra del principio de igualdad establecido en el artículo 16 de nuestra Constitución: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley”.
Al diferenciar los homicidios según el género de la víctima, se infringe este principio fundamental. El mensaje implícito es que la vida de una mujer tiene más valor que la de un hombre, lo que no solo es discriminatorio, sino también una ofensa a la justicia imparcial.
La ley debe ser imparcial y universal
La justicia no puede ni debe funcionar bajo lógicas ideológicas. Como bien señaló el jurista Friedrich Hayek, “una sociedad libre exige que las leyes sean generales y abstractas, aplicables a todos por igual”. La figura del feminicidio contradice este principio, al priorizar ciertos casos en función de consideraciones de género y no de hechos objetivos.
Eliminar esta figura no significa ignorar la violencia que muchas mujeres sufren, sino reconocer que cualquier acto de homicidio, sin importar el género de la víctima, debe ser juzgado con la misma severidad y rigor.
Aspectos Constitucionales
Además de contradecir el principio de igualdad, el feminicidio también entra en conflicto con otros fundamentos de nuestro sistema jurídico:
1. Artículo 18 de la Constitución Nacional: Este artículo establece que “nadie puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso”. Al dar prioridad a ciertos casos bajo una figura específica, se altera el debido proceso al introducir criterios que no están relacionados con el delito en sí, sino con interpretaciones ideológicas.
2. Principio de proporcionalidad: La figura del feminicidio impone penas diferenciadas que no se justifican por la gravedad del delito, sino por la condición de la víctima. Esto va en contra del principio de proporcionalidad en la aplicación de la justicia.
3. Impacto en la seguridad jurídica: Al segmentar las penas y agravar los crímenes basándose en interpretaciones subjetivas sobre las motivaciones del agresor, se genera incertidumbre en la aplicación de la ley, lo que debilita la confianza en el sistema judicial.
El feminismo: el cáncer social que debemos extirpar
El feminismo es un cáncer social, y las mujeres de bien tenemos la responsabilidad moral de extirparlo de nuestra sociedad. Este movimiento no busca igualdad, sino privilegios. La figura del feminicidio, junto con leyes como las de cupos laborales, lo evidencian claramente. Estas leyes envían el mensaje implícito de que las mujeres no somos capaces de obtener un puesto laboral o de avanzar por nuestras propias capacidades. Eso no es igualdad, es una humillación disfrazada de protección.
La hipocresía del feminismo y los casos silenciados
El feminismo también ha mostrado una profunda hipocresía. ¿Dónde estaban las feministas cuando Fabiola Yáñez denunció haber sido golpeada por el expresidente Alberto Fernández mientras estaba embarazada? ¿Por qué no salieron a marchar por Cecilia Strzyzowski, una mujer brutalmente asesinada en Chaco y arrojada a los chanchos por sus sus agresores, vinculados al kirchnerismo?
La respuesta es clara: no les interesa la justicia ni las mujeres, sino el relato político. Aprovechan las luchas de género para impulsar su agenda ideológica, pero cuando las víctimas no se ajustan a su narrativa, optan por el silencio cómplice.
El feminismo como herramienta ideológica
El feminicidio se ha convertido en una herramienta del progresismo para imponer una agenda que victimiza a las mujeres y demoniza a los hombres. Como señala Agustín Laje, “estas figuras no buscan justicia, sino control político a través de la manipulación del lenguaje y la legislación”.
La existencia de esta figura no ha disminuido los casos de violencia contra las mujeres. Al contrario, ha perpetuado un discurso de odio y confrontación que divide a nuestra sociedad. En lugar de ofrecer protección, victimiza a las mujeres, reduciéndolas a una categoría de vulnerabilidad constante.
Conclusión
Como diputada nacional y abogada, abogo por un sistema de justicia que sea realmente igualitario, imparcial y fiel a los principios de nuestra Constitución. La eliminación de la figura del feminicidio no representa un retroceso, sino un avance hacia una sociedad donde la ley se aplique sin privilegios ni discriminaciones. Porque la justicia debe ser ciega, y su balanza no puede inclinarse por intereses ideológicos.
Por Dios, por la Patria y por la Familia, avancemos hacia una justicia auténtica y sin manipulaciones.