Casa arrendada (En la cara oculta de la luna)

Casa arrendada (En la cara oculta de la luna)

Veredaprosa

La noche abre los ojos y permite ver lo que a la luz del día escapa. Permite mostrar a la conciencia obstinada cuando llama a una puerta que se entreabre, se queda así, balanceada en el viento, mientras alguien otea por una ventana.

Otro Alguien espera por una caricia temprana, decidida, que entregue claridad a las horas que avanzan, con la bandera en alto, no a media asta.

Dicen que -no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que, teniendo ojos, no ve porque no quiere y se conforma con alimentarse de humo todas las mañanas- Bueno, lo último es la parte lírica, según piensa quien escribe.

Todos los juegos ocupan las manos, no me acuerdo de ninguno que no y si se juega con fuego se queman y si es con lana, de pronto quedan atadas al ovillo.

Hoy estoy parada de manos, de pies y de mente por una insistencia ilógica de hacer una hoguera con leña mojada. ¿Qué, acaso, insistiendo se puede airear y secar? No, mijita -Haga con leña seca. Hay mucha y está tirada- ¡No sea tarada!

La noche me dijo: ¿Por qué pagas renta en una casa que aún está ocupada? Me costaba comprender y le dije: “¿Me puedes repetir la pregunta?”. Ni necia ni nada, sólo estaba ganando tiempo para responder, in te li gen te, que no pareciera tan obvio que ya sabía que hacía el ridículo botando mis entradas.

Me restaba , pagando renta por una casa que estaba habitada porque los anteriores arrendatarios, en irse ni pensaban. La noche no lo dijo de nuevo. Me hizo mirar por una malla un poco descuidada, que permitía ver lo necesario para que yo me enterara. Era la hora de la cena y todos estaban sentados, parece que ya habían terminado, entonces, pude ver sus rostros que, encendidos de risa, anécdotas se contaban. Estaban encantados, relajados y con la paz reflejada en su faz, esa que se tiene cuando no se debe nada. Claro. Si la renta yo la pagaba y hasta los atrasos de luz y agua.

Y esta “ciega” porque quería serlo, no lo aceptaba.

Me contó también otras verdades de las que yo me creía dueña absoluta. -Que sus Marte y Neptuno fueron mostrados como quinientas veces y que la hija existió en el vientre de otras mujeres ¡Válgame Dios! Yo era como la quinientos uno, con baba y todo resbalando al pensar ser la ¡Única! que lo escuchaba- Que nadie le había creído, ¡pero yo sí!

-pobrecito- Ahora que vengan las siguientes…

Ya no sigo. Las historias cortas se leen más rápido y esa es la idea.

La noche es la mejor amiga de los creyentes necesitados de un jalón de orejas bien dado ¡ay!

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